La tendinitis rotuliana —o más correctamente, tendinopatía rotuliana— es una de las lesiones más frecuentes en deportistas que saltan, corren o frecuentan terrenos irregulares. Y también una de las que con más frecuencia se aborda sin criterio suficiente.
En Fisunic, antes de decidir si un paciente necesita EPI (electrólisis percutánea intratisular), pasamos por un protocolo de valoración que combina exploración clínica y ecografía.
Los tres escenarios que nos encontramos
La mayoría de tendinopatías rotulianas caen en una de tres categorías clínicas, y cada una pide un enfoque diferente.
Fase reactiva
El dolor ha empezado recientemente, hay inflamación, y la ecografía muestra un tendón engrosado pero con estructura aún conservada. En estos casos, la EPI no solo no es necesaria, sino que puede ser contraproducente.
Fase degenerativa
El dolor es más crónico, la ecografía muestra zonas hipoecoicas —"agujeros" dentro del tendón— y la respuesta a ejercicio solo es pobre. Aquí la EPI tiene un papel claro.
Fase mixta
Coexisten signos reactivos y degenerativos. Es el caso más frecuente en deportistas. Aquí la decisión es caso por caso.
Sin ecografía, esta clasificación es imposible. Por eso en Fisunic no hacemos EPI a ciegas. Nunca.
Cuándo sabemos que es momento de EPI
- Dolor persistente de más de 3 meses pese a tratamiento conservador bien hecho
- Hallazgos ecográficos de degeneración tendinosa
- Pérdida de función deportiva medible
- Motivación del paciente para seguir un protocolo postintervención
Si falta alguno de estos, la EPI probablemente no es el camino.
Conclusión
La EPI es una herramienta potente, pero no es la solución mágica. Funciona bien en el contexto clínico adecuado, con el paciente adecuado, y dentro de un protocolo que incluye mucho más que la técnica en sí.